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sábado, 16 de junio de 2018

Canción de Aimée

     
                                                   “Su sangre -que es también la mía-, pasa, crece, desdeña estrellas y derrotas” IBM

Yo tengo una hermana que me dio la vida
Para enseñarme a compartir mi soledad,
Fue cuando la ciudad se me hizo grande
Y los juegos se me volvieron demasiado serios.
Yo tengo una hermana que me dio la vida,
En los días furtivos de soñar;
Parecía el mundo hecho a nuestra a medida,
Todo era alcanzable, ella en la cola de la isla
Y yo en su centro, luego nos juntamos
Y todo el país se nos hizo nuestro.

Yo tengo una hermana de frente a mis espejos,
Para cuando no me alcanzará mi imagen
Tener la de ella como un “álter ego”.
Yo tengo una hermana que me dio la vida,
Para que esté donde esté
Siempre tenga yo que volver a ella;
Yo tengo una hermana tocando a mi lado
Las mismas teclas de un piano;
Yo me precio de ella, y me precio también de sus hijos;
Mi vanidad me hace verme dentro de ellos también,
y sentir que escapo dentro de sus venas
como aves del Nilo arrumbadas hacia tierras futuras
que mis ojos jamás podrán ver.

Yo tengo una hermana que me regaló la vida.

sábado, 26 de mayo de 2018

Los ríos y los hombres

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“Admito que tengo vocación por los ríos,

a remotas millas intuyo sus pulsos y sus salvajes corrientes.”


He estado tan cerca y tan lejos del río Jordán que sus aguas sagradas
vuelven una y otra vez desde la reminiscencia,
 invoco a destiempo el torso fluvial de Juan Bautista y los peces de bendecidos ojos.

He soñado el curso salvaje del Tigris y su abrazo con el Eufrates, allá donde las raíces de Mesopotamia se sujetan a la tierra y hoy es sangre que baja desde los despojos de Irak.

He visto el cuerpo asesinado de Mary Roger flotando en las aguas del río Hudson, que más tarde traspoló Poe al Sena; y las heroínas de las infinitas guerras, Tamara Bunke con sus 30 años masacrada a la vera del río Grande, Titina Sila desaparecida en la corriente del Farim y los cuerpos flotantes sobre el río Bravo de los latinos que jamás pisaron el “American life”.

Me sigue deslumbrando la aparatosa caída del Niágara, según la mirada romántica de Heredia y las contaminadas aguas del Támesis en los días del cólera en Londres, y el Ganges (tan sagrado como el Jordán) con sus misteriosos estuarios, sus plantas acuáticas y sus monjes hindúes rezando a la orilla. 

He presentido el Volga que cruzaron los rebeldes de Razin, “Volga, Volga, madre querida” y el río Don en los tiempos de Pedro el Grande; sin embargo no consigo imaginar por cuál orificio terrestre se desangran las aguas del Okavango, o por cuáles misteriosos canales de cielo se evapora, a la vista de las etnias de Botsuana. 

Vi desde las nubes El Tajo partiendo a Lisboa entre casitas de techo rojo, el mismo río venerado por Vasco da Gama.Y siguen naciendo ciudades sobre los palafitos enterrados en los aluviones del Orinoco, y el Nilo se sigue deshidratando en el Sahara; y los rusos y los chinos siguen separados por las heladas aguas del río Amur.

En medio de las selváticas corrientes del Amazonas he figurado sus nenúfares gigantes, y a la vera de este Río-Dios las tortugas que clasificó Humboldt.

He visto a los pescadores del río Geba en Guinea Bissau en canoas que le descascararon a los árboles, y aprendí a imaginar a los pigmeos navegando sobre el río Congo, a los indios araucanos a través del río Cautín y a los anamitas sobre al caudaloso Mekong.

Presiento a veces las descargas eléctricas del Itaipú sobre el lomo del río Paraná, y la agonía suicida de Schumann y Tchaikovski  sobre el río Rhin y Moscova, respectivamente.

He delirado sobre los bancos de arcilla y limo del río La Plata, aquel que se volvió imperioso por la palabra de Borges “Y fue por este río de sueñera y de barro que las proas vinieron a fundarme la patria?” Yo sueño también con el Mississippi de Whitman, y con el misterio tan musical del Danubio y el Moldova.         

Y me arrimo al Almendares en el instante en que la Habana se vuelve una ciudad infinita, y empiezo a entender que el curso de todos los ríos del mundo culmina en un único e insignificante ojo de agua.

Iván Borrero, 26 de mayo 2013


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