por mis zapatos viejos y por mi camisa sin edad,
por mi suerte de caminar la ciudad como si fuese el dueño;
brindo ahora mismo, por la dicha de aquella mujer que fue de todos menos mía,
por el éxito del amigo que tuve y me traicionó;
brindo por los hijos que no me hablan y me dejaron sin casa,
brindo por la luna que está tan sola como yo.
Brindo incluso por los perros, por aquellos que rabiosos me ladran
o los que sacuden su sarna en el amanecer de un parque a mi lado;
brindo por la salud que un día tuve,
por la voz de la señora que me grita borracho de mierda,
por las tetas perfectas y exactas de la mujer del relojero,
por las nalgas brillosas de Juana la loca,
por el beso que hace tiempo no me dan
y por las bofetadas que nunca me faltan.
Brindaré por mis colegas de la lucha cotidiana,
los buzos de todos los basureros, los vagabundos de todos los parques,
los alcohólicos anónimos y los alcohólicos con nombre,
los locos de todos los pueblos, las prostitutas,
los rascabuchadores.
Brindo por ese día más que me dan los dioses, por qué no?, para amar la vida.


No hay comentarios:
Publicar un comentario