Yo te ofrezco, mundo, una isla pura como fiesta de algas, una explosion de soles en medio del mar, un barco camino al destierro con el poeta Heredia, una patria naciendo como cruz nueva de la oracion de Varela.
Yo te ofrezco, mundo, el martirio de Plácido y su "Plegaria a Dios", la palabra de amor de Fornaris y Céspedes bajo un balcón de Bayamo. Yo te ofrezco el grito de Yara en días de otoño, el canto de Perucho en los días de batalla, las cartas de Amalia a su Ignacio del alma, y una mujer que ahora mismo me espera en un parque de la Habana.
Yo te ofrezco, mundo, el romanticismo de la Avellaneda, el verso de porcelana de Julian del Casal; yo te ofrezco el rayo luminoso del apóstol, su evangélica certeza de que "Patria es humanidad".
Yo te ofrezco, mundo, las manos de bronce del Titán y miles de guerreros sin nombre, sembrados bajo la tierra. Yo te ofrezco la mirada de una mujer que ahora mismo derrama una lágrima.
Yo te ofrezco, mundo, los dias de Mella y Rubén, la muerte de algún estudiante por la escalinata. Yo te ofrezco, mundo, la muerte de Pablo de la Torriente en España, y un verso de Miguel Hernández evocando sus huesos. Yo te ofrezco un cuartel bajo metralla y los ojos que dejaron ciegos los esbirros; yo te ofrezco, mundo, este 1ero de enero como un beso de novios o como una mujer que ahora mismo espera a que mi voz traspase el Atlántico.
Yo te ofrezco, mundo, el verso mágico de Lezama, quien decía que nacer en Cuba es una fiesta innombrable, y te ofrezco una canción de Silvio en una tarde frente al mar. Pero también te ofrezco, mundo cruel, el recuerdo sangriento de los que hemos perdido en cualquier parte; ay, nuestros muchachos que dejaron a sus novias en la isla y perecieron en Angola, el maestro de Consolación del Sur que mataron los contras en Nicaragua, el médico Luis, que amaba las calles de su 10 de octubre como un duende y una bala lo despedazó por Venezuela.
Yo te ofrezco, mundo, todas las muertes de mi vida, todas las vidas de mi angustia y de mi rabia; yo te ofrezco una lucha larga, sin miedo, con banderas y metrallas; yo te ofrezco la fuerza de 5 titanes en presidio, las lágrimas que dejan caer en silencio sus madres, las esposas; el reclamo triste de Adriana en las noches en que no sueña con el héroe Gerardo, sino con el hombre que ama.
Ye ofrezco, mundo, una marcha triunfal y órfica que vuelve de Haití, Bolivia, Guinea Bissau y de todos los infiernos de este mundo. Yo te ofrezco un racimo infinito de sonrisas nuevas, la alegría de mis hijos, la esperanza de todas nuestras madres. Yo te ofrezco, mundo, las horas que padecí entre apagones, el tiempo que intentaron (y aun intentan) hacernos claudicar, la fuerza que nos brotó como Ave fénix.
Yo te ofrezco mi tiempo pasado, mundo, y si no te bastara, te ofrezco, por Dios, el tiempo que todavía nos falta de luchas y sueños, de versos, balas y esperanza.









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